El Kalama Sutta y la Libre Investigación. Columna 5. ¿Y si no supiéramos qué ocurre después de la muerte?
"La incertidumbre sobre el universo no nos impide decidir cómo queremos vivir."
A lo largo de esta serie hemos visto que el Buda invita a
investigar con libertad, a examinar nuestras creencias y a observar
cuidadosamente los estados mentales que condicionan nuestras acciones.
Pero aún queda una pregunta difícil.
¿Qué ocurre con aquellas cuestiones que no podemos verificar de
manera inmediata?
¿Existe realmente el karma?
¿Hay una vida después de la muerte?
¿Continúan nuestras acciones teniendo consecuencias más allá de
esta existencia?
Muchos esperarían que el Buda respondiera exigiendo un acto de fe.
Sin embargo, en el Kalama Sutta vuelve a sorprender.
En lugar de intentar demostrar esas afirmaciones, muestra que una
vida ética conserva su valor cualquiera sea la respuesta.
Una mente preparada
Antes de presentar sus cuatro garantías, el Buda describe la
actitud interior de quien cultiva una mente libre de odio y de mala voluntad.Es una persona que desarrolla las cuatro cualidades conocidas como
Brahmavihāras:
- la benevolencia (mettā);
- la compasión (karuṇā);
- la alegría por el bien ajeno (muditā);
- y la ecuanimidad (upekkhā).
No son simples emociones pasajeras.
Son maneras de habitar el mundo.
Desde esa disposición interior, el Buda propone un razonamiento
tan sencillo como profundo.
Primer escenario: si existe un mundo futuro
Supongamos que realmente existe una vida después de la muerte y
que nuestras acciones tienen consecuencias más allá de esta existencia.
En ese caso, quien ha vivido cultivando la benevolencia y evitando
el daño puede esperar un destino favorable.
La vida ética encuentra así una justificación que trasciende esta
existencia.
Pero el razonamiento no termina allí.
Segundo escenario: si no existe
Supongamos ahora exactamente lo contrario.
Imaginemos que no hay otra vida y que nuestras acciones no reciben
ninguna recompensa futura.
¿Habría sido inútil vivir con bondad?
El Buda responde que no.
Quien ha cultivado una mente libre de odio ya disfruta aquí y
ahora de una existencia más serena, menos conflictiva y más feliz.
La recompensa no queda postergada para otro mundo.
Comienza en éste.
Las cuatro garantías
A partir de estos dos escenarios, el Kalama Sutta presenta cuatro assāsā,
palabra pali que puede traducirse como "garantías",
"consuelos" o "seguridades".
En conjunto forman un argumento de extraordinaria elegancia.
Si existe una vida futura, la conducta ética resulta beneficiosa.
Si no existe, también.
Si las malas acciones producen consecuencias, quien evita el daño
no tiene nada que temer.
Y si no producen ninguna consecuencia futura, la persona íntegra
conserva igualmente la paz de una conciencia limpia.
En cualquiera de los casos, la virtud nunca sale perdiendo.
Mucho más que una apuesta
A veces este razonamiento se compara con una apuesta prudente.
Pero quizá sea algo aún más profundo.
El Buda no intenta demostrar cómo funciona el universo.
Nos recuerda que no necesitamos resolver primero todos los
misterios de la existencia para empezar a vivir con sabiduría.
La incertidumbre metafísica no impide la claridad ética.
Una libertad que comienza hoy
Con frecuencia pensamos que la ética consiste en obedecer normas
para obtener una recompensa futura.
El Kalama Sutta propone otra mirada.
La conducta ética no es un sacrificio impuesto desde fuera.
Es una forma de liberar la mente del miedo, del resentimiento y
del conflicto en el momento presente.
Por eso el beneficio comienza antes de cualquier promesa sobre el
más allá.
Comienza en la manera en que vivimos cada día.
Una pregunta para nosotros
Tal vez nunca logremos responder todas las preguntas sobre el
origen del universo o el destino final de la conciencia.Pero el Buda parece decirnos que existe una pregunta mucho más
urgente.
¿Qué clase de persona estoy
eligiendo ser, mientras esas respuestas permanecen abiertas?
En la próxima columna veremos cómo todas estas enseñanzas
convergen en una idea central: la verdadera emancipación consiste en asumir la
responsabilidad de nuestra propia investigación y convertirnos en arquitectos
conscientes de nuestra vida.
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