Principio de Goebbels Addenda 2. No caigas en la provocación: la paradoja de Zidane y Materazzi


Este artículo es una ampliación y profundización de un relato del periodista chileno Felipe "Yeti" Costabal", que fue cerebro creativo de las últimas campañas de la ultra-derecha, y a la fecha de redacción de este artículo es director de la Secretaria de Comunicaciones (SECOM) del gobierno de Chile.







Domingo 9 de julio de 2006. Estadio Olímpico de Berlín. Final del Mundial Alemania 2006 entre Francia e Italia. 

En el minuto 110 (segundo tiempo del alargue), Marco Materazzi, defensa de la selección italiana, le dice algo a Zinedine Zidane, volante y figura de Francia.

Zidane se enoja y le pega un violento cabezazo en el pecho a Materazzi, quien cae en el acto.
El árbitro argentino Horacio Elizondo expulsa a Zidane, que deja a su equipo con 10 jugadores en un momento decisivo.

Al final, Italia ganó en definición a penales y se tituló campeón del mundo.

Tiempo después, el propio Materazzi relató lo que le dijo a Zidane y provocó su ira.

"Tuvimos contacto en el área. Él marcó el gol de Francia en la primera parte y el seleccionador me pidió que le marcara. Después del primer choque, yo le pedí disculpas y él reaccionó mal. En el tercer choque le fruncí el ceño y él me dijo: ‘Te daré mi camiseta más tarde’. Yo le respondí que prefería a su hermana antes que su camiseta"

A pesar de que Zidane había jugado un Mundial sobresaliente hasta antes de ese episodio, y en la misma final abrió la cuenta con un osado penal ejecutado "a lo Panenka" batiendo a Gianluigi Buffon, lo que todo el mundo recuerda es el cabezazo y la expulsión que sufrió después de haber sido provocado por Materazzi. 

Zidane había anunciado su retiro de las canchas después del Mundial. Por lo tanto, la final de Alemania 2006 fue su último partido como futbolista profesional. Su ataque de ira terminó ensuciando el cierre de una de las carreras más brillantes en la historia del balompié.

¿Tenía razón Zidane en pegarle un cabezazo? Probablemente si. 

Zidane actuó seguramente impulsado por la indignación por lo que, en el calor de la lucha, interpretó como un insulto hacia su familia.

La hermana no se toca, la familia no se toca, los viejos no se tocan, los hijos no se tocan. Hay gente que no entiende esos códigos. 

Sin embargo, por tener esa reacción, Zidane dejó a su equipo con un jugador menos en una instancia crucial, y a la larga no pudo ser campeón del mundo.

Zidane, jugador experimentado y talentoso, con un Mundial, una Eurocopa y muchos otros títulos a su haber, cayó “redondito” en la odiosa trampa que le tendió Materazzi en el momento menos oportuno posible: nada menos que en la final del mundial de fútbol.

La vida está llena de “Materazzis”. 

Gente que va por la vida provocándonos con o sin razón, y que va a apelar hasta a los recursos más deleznables para sacarnos de quicio, perturbarnos y distraernos de nuestros objetivos de vida. 

El provocador sabe (o debiera saber) lo que está haciendo. Si vas por la vida pateando el avispero solo para molestar, no llores ni te quejes cuando las avispas se enojen y te vayan a picar en masa. Un buen provocador no solo tiene claro que su víctima va a reaccionar, sino que busca explícitamente eso. 

No resulta fácil resistir la enorme tentación de responder de manera violenta. Incluso gente con experiencia como Zidane puede caer fácilmente, en especial cuando hay egos fuertes y emociones sensibles, estás en un contexto estresante y el “Materazzi” de turno hace méritos para merecer una respuesta contundente. Sin embargo, con eso caemos en su trampa y le hacemos el juego. 

El mayor fracaso para un provocador no es el repudio ni el rechazo: Es la indiferencia. Es la irrelevancia. Un provocador que no provoca nada no existe.

La gracia es entender que no conviene actuar como Zidane y que hay que aprender a  controlar los impulsos y mantener la calma, en especial en los momentos importantes. 

Si pegas el cabezazo en el pecho, no vas a pasar a la historia.



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