Noveno Principio de Goebbels: SILENCIACIÓN. Si no se ve… no existe

 Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

No todas las mentiras se dicen.

Algunas simplemente…

👉 se ocultan

Ese es el corazón de este principio.

Se llama “silenciación”.

Y funciona así:

si algo te perjudica… evita que la gente lo vea

No hace falta negarlo.

No hace falta explicarlo.

Basta con:

  • no mostrarlo
  • minimizarlo
  • esconderlo entre otras cosas

Y listo.

Porque hay una verdad incómoda:

👉 lo que no se ve… no existe para la mayoría

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El control de daños como concepto no es nuevo ni es malo en sí. Es un concepto proveniente del ámbito bélico, relacionado con el mantenimiento de emergencia a barcos de guerra que han sufrido daños severos en su casco, con el fin de mantenerlos estabilizados y en funciones. En medicina, se refiere a cirugías de urgencia realizadas a un paciente cuyas condiciones de salud hacen inviable aplicarle un tratamiento más riguroso o definitivo.

En el ámbito del poder, tarde o temprano se van a producir situaciones de crisis, como escándalos de corrupción; errores graves, difíciles o imposibles de explicar; o situaciones críticas mal manejadas.

Ante esto, se suele hacer un “control de daños comunicacional” que busca atenuar el efecto mediático de las situaciones, de manera de minimizar el daño a la imagen del poder. Un buen control de daños comunicacional implica:

  • Reconocer el problema.
  • Pedir disculpas de inmediato.
  • Solucionar el tema de la forma más rápida y efectiva posible.
  • Hacer valer las responsabilidades que correspondan.
  • Adquirir los aprendizajes necesarios. 

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El principio de silenciación es una forma retorcida de “control de daños”.

Una buena imagen que lo representa es "meter la basura debajo de la alfombra". 

El concepto general es desviar la atención sobre los temas que no interesa tratar, por ser inconvenientes, molestos, incómodos o perjudiciales para los que detentan el poder.

Lo ideal sería acallarlos, silenciarlos. Que no trasciendan. Que no reciban la atención de la gente. Imponer una presencia absoluta y silenciadora en todos los medios de comunicación posibles.

Si no se pueden silenciar, procurar que hagan el menor ruido posible. Que llegue a la población los más diluido posible, para lo cual se les da poco espacio, se comunica tarde y se crean distintos hechos que distraigan al receptor del hecho que queremos silenciar hasta que pierde fuerza.

Este principio se puede practicar de dos formas:

1) Negar y omitir la situación conflictiva o la información desfavorable.

Cuando ocurre algo negativo (un error, un escándalo, una mala decisión) hay que bajar el volumen. Hay que acallarlo, silenciarlo, atenuarlo, de manera que pase lo más desapercibido posible. Que no sea portada. Que no sea tendencia. Que no genere conversación.

Es necesario tomar acciones rápidas para que el ruido generado no crezca ni trascienda en algo difícil y complicado de manejar. En estos tiempos de viralización, la información se comparte a una velocidad increíble y puede traspasar fronteras velozmente, por lo que el silenciamiento se hace más complicado.

2) Minimizar u ocultar las buenas noticias del adversario

Ocultar, ignorar o al menos minimizar los logros, avances, aspectos favorables y noticias positivas del enemigo, con el fin de reducir su efecto positivo.

Si ello no es posible, hay que “orinarles el asado”. Tener a mano mentiras o noticias que perjudiquen al enemigo, tener a mano críticas, ataques y nuevas polémicas.y difundirlas en el momento en que estén celebrando algo, con el fin de contrarrestar su victoria o su logro. 



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Este es un principio profundamente autoritario, que suele ir de la mano con otros principios, como los de renovación y de verosimilitud. No busca debatir. No busca convencer. Busca algo más básico: controlar lo que la gente ve. Y eso, en el fondo, es controlar lo que la gente piensa. 

La "guerra psicológica", o guerra sin fusiles, es el empleo planificado de la propaganda y de la acción psicológica orientadas a direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de la armas. Acciones hostiles que se ejercen por métodos psicológicos, buscando evocar una reacción psicológica planeada en otras personas. Su destinatario es la mente del público y/o del enemigo

Busca «ganar las mentes y los corazones», es decir influir en el sistema de valores, en el sistema de creencias, en las emociones, en el razonamiento o en el comportamiento del público. Inducir en ellos confesiones o reforzar actitudes y comportamientos favorables a la causa propia. También se emplea para destruir la moral de los enemigos, con el fin de que comience a dudar de la validez de sus creencias y acciones. Hay que mostrarse fuerte, sólido e invencible. Hay que hacer ver débil y defectuoso al enemigo

En ese escenario, reconocer públicamente los defectos propios y las virtudes del enemigo es dispararse a los pies. Por ello, se evita hablar y reconocer cualquier error, fallo o debilidad propia, tapando los defectos para no mostrarlos abiertamente y evitar que el público pueda pensar en ellos. Por el contrario, hacer grandes todas las fortalezas, y convertir los problemas y debilidades  en pequeñas hormigas. Realizar comparaciones con la competencia en las que siempre salgas ganando.
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Ganar la "guerra psicológica" es un objetivo deseable y estratégico, pero no siempre suficiente para ganar la guerra completa.

La "guerra psicológica" tiene una condición importante: sus destinatarios son el público y el enemigo, no las fuerzas propias. Una cosa es no admitir públicamente los defectos propios y las virtudes del enemigo, pero otra muy distinta es no admitirlos privadamente, en tu fuero interno, para efectos de estrategia. 

No tienes porqué admitir públicamente que estás en desventaja, pero si objetivamente lo estás, más vale que lo tengas claro y actúes en consecuencia. 

Resulta necesario conocer las virtudes del enemigo para poder ver cómo contrarrestarlas y minimizarlas. 

Resulta necesario conocer los defectos y problemas propios, para poder corregirlos.

A la larga, no reconocer y abordar los defectos propios y las virtudes del enemigo te puede costar caro. Muchas veces, la soberbia y el exceso de confianza llevan a creerse a pie juntillas la propaganda propia. Eso es muy peligroso, pues se termina sobreestimando las propias capacidades y subestimando las del enemigo, y eso a la larga expone a una derrota inesperada, dolorosa y vergonzosa. 

No se puede esconder eternamente la basura debajo de la alfombra. Tarde o temprano, el bulto  será demasiado notorio e imposible de ocultar o explicar. Tarde o temprano, los defectos serán tan notorios que no habrá estrategia efectista, venta de humo o “globo sonda” que lo hagan olvidar. 

La realidad tiene una característica incómoda: tiende a aparecer. Y cuando algo oculto sale a la luz, el efecto puede ser peor.

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⚠️ Cómo detectarlo

Este principio aparece cuando:

  • ciertas noticias desaparecen demasiado rápido
  • algunos temas importantes no reciben cobertura
  • los logros del “otro lado” no se mencionan
  • lo incómodo se minimiza o se diluye

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🛡️ Cómo protegerte

A la larga, la guerra psicológica no es más que “venta de humo”.

  • Hay que evitar transformarse en destinatario de estas escaramuzas mentales.
  • Mantener una sana distancia y escepticismo del conflicto.
  • Cuidarse de la emocionalidad excesiva.

Una pregunta clave:

¿qué no me están mostrando?

Y otra aún más importante:

¿qué temas están faltando aquí?

Porque informarse no es solo ver lo que aparece.

Es también buscar lo que falta.





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